LA VERDAD DEL CORAZÓN, Y CÓMO RECONOCERLA.

Todas las mentiras que nos hemos hecho a nosotros mismos, ya seamos o no conscientes, son  un reflejo de cómo hemos permitido el engaño de la sociedad en la que vivimos. No es el  momento de acusar a nadie, tampoco a nosotros mismos. Es el tiempo del RECONOCIMIENTO DE LA VERDAD. Comencemos por aprender a identificar, a reconocer nuestros propios autoengaños y descubramos cómo se manifiesta la verdad en nuestro interior.

Muchos dicen «¡¿Y cuál es la verdad? No existe la verdad, en todo caso, hay muchas verdades, la de cada quien!». Y ciertamente podemos hablar de las verdades de cada uno. Sin embargo, hay que ir más profundo y podemos observar lo que hay en común  en todos aquellos que dicen han reconocido una verdad. Es muy bonito escuchar las respuestas a esta pregunta: ¿Cómo te diste cuenta de aquello?.  Y podremos comprobar que todos dicen lo mismo en esencia,  con unas u otras palabras, tal como que fue un momento revelador , que los vellos se les ponían de punta y que su propio corazón se expandía; O que le daban un estallido el corazón, como si tuvieran una descarga que hiciera que las lágrimas brotaran de sus ojos incontenidamente. La mayoría ¡no podían dejar de llorar!

Os invito a que hagáis memoria de algún momento de estos «me di cuenta» . Recordad ese instante de revelación.  Esa chispa que se encendió y dio sentido a todo, como si hubiera iluminado el resto de las piezas de vuestro puzle. Es muy posible que os vierais desbordados entre lágrimas y sabíais que no eran  lágrimas de pena o de dolor, sino de dicha, de reconocimiento, – los griegos dirían de anagnórisis-. El maestro Jesús dijo, «..conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libre» (Juan 8:31) Nada más cierto, cuando uno la experimenta, siente una gran liberación.

La Verdad es aquello que CONOCE Y SABE NUESTRO CORAZÓN. La verdad sólo puede ser experimentada por uno mismo a través del reconocimiento.

Es nuestra mente egoica la que se cierra a conocerla. Si tú quieres conocer la verdad de alguna situación más allá de tu ego, es tan simple como preguntar y apelar a la sabiduría de tu corazón con tu pura intención. Mi práctica personal es entrar en oración-meditación, en mi diálogo interior y pongo la intención de recibir la Verdad. Mi palabras son: «ESTOY PREPRARADA PARA SABER LA VERDAD DE ESTA SITUACIÓN». Y me quedo receptiva escuchando la voz de mi alma hasta recibir alguna palabra, imagen o sensación. No esperes algo conocido, atrévete a recibir lo desconido para tu mente y lo que sabe tu corazón. Me he sorprendido numerosas veces al ver que la verdad estaba tan oculta en mi inconsciente, ¡que era imposible ni siquiera imaginármela!. Hay mucho más allá  tras nuestra mente consciente y de lo que creemos saber. Y puedo decir que mi CORAZÓN, me ha hablado siempre en el mismo idioma de gozo, dicha, expansión, luz, amor, paz, confianza, coraje, etc. y desde la ternura del Amor me ha dado en la frente.

Pero para experimentar la verdad hay que estar dispuestos a ello, dispuestos a pasarla por el filtro del corazón. Si queremos que la Verdad sea el camino, debemos hacer el espacio necesario para que se manifieste. Escuchar la Verdad necesita una preparación previa para que el cuerpo emocional no le coja tan de improviso y pueda causarte un trauma. Por eso es mejor acercarse a la Verdad desde el discernimiento, la reflexión, la intención de querer saberla. Es el turno de que la «mente-Dios»,  se arrodillen ante su «Diosa corazón»,  permitiendo que ella pueda expresarse. Dialoguemos y hagamos las paces primero en nuestro interior para poder luego perdonar el mundo que hemos creado.

En estos tiempos donde lo claro se puede ver oscuro y viceversa, donde apenas sabemos discernir entre el bien y el mal, mientras salimos de la noche oscura de los tiempos y se desvela la nuevo,  nos puede venir bien no perder energías criticando o juzgando lo que no conocemos de lo que dicen por ahí y ocuparnos en RE-CONOCERNOS DE NUEVO. Si encontramos alguna Verdad, basta con que la compartamos sin afán de imponerla. Nadie sabe por lo que está pasando el otro. Respetar las diferencias y compartir aquello que podamos tener en común, es hoy muy necesario para dilucidar el camino hacia una mayor Verdad, aquella que nos une a todos en el mismo SENTIDO COMÚN. Ser fiel a la propia Verdad nos llevará a la máxima autenticidad y a encontrarnos en el COMÚN SENTIDO. Esta es la esencia de vivir conectados al Corazón.

Como dijo Buddha, «hay tres cosas que no se pueden ocultar por mucho tiempo: el sol, la luna y la verdad». Preparémonos en consciencia para este tiempo de transición de la humanidad. Las verdades así como las mentiras, no se podrán ocultar más, bajo la luz del Nuevo Sol.

Sara Moguer- Thaybhari-

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Foto:pixabay

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