Origen y composición

El origen de los cuencos cantores del Himalaya parece remontarse a una antigua tradición pre-budista, de carácter chamánico y animista, que se dio en el Tíbet hará unos 3.000 años y que es conocida como Bön.

Se dice que los cuencos «tibetanos» estaban fabricados, tradicionalmente, a partir de una aleación de siete metales abundantes en el Himalaya, en una proporción desconocida actualmente. Según algunas fuentes, estas aleaciones antiguas llevaban hierro y níquel extraído de los meteoritos caídos en el llamado «Techo del Mundo», dado que, por su gran altitud, el Tíbet es una zona habitual de impacto de estos meteoroides. Todos estos metales sagrados serían recogidos, fundidos, purificados y forjados para darles forma con un martillo, en un ceremonioso ritual que, según ciertas fuentes, incluiría la recitación de mantras específicos a fin de grabar en el cuenco la intención correcta.

Independientemente de todas estas historias y lo que pueda haber de veraz en ellas, la aleación fundamental de un cuenco de metal es, en realidad, de bronce (en una proporción de 77% de cobre y 22% de estaño aproximadamente), a la cual se le irán añadiendo otros elementos en pequeñas proporciones hasta un total que suele oscilar entre un mínimo de tres y un máximo de nueve (incluso doce) metales.

Hoy día los cuencos «tibetanos» se fabrican principalmente en Bután, Nepal e India, si bien existen también cuencos procedentes de otras regiones tales como Mongolia, Siberia, Tailandia, Japón, China o Vietnam.

El gran enigma de los cuencos del Himalaya

A la hora de profundizar en el mundo de los cuencos de metal, es necesario tener en consideración que, a diferencia otras herramientas sonoras tibetanas como el drilbu, cuyo uso aparece bien documentado en el Canon Budista del Tíbet, no existe ninguna constancia escrita de que los cuencos fueran utllizados con un fin específico en los monasterios y lamaserías, dado que no formaban parte de los rituales budistas tibetanos «oficiales». A la ausencia de documentación escrita habría que añadir el secretismo y las evasivas con las que se encontraban aquéllos que intentaban arrojar algo de luz consultando a los propios tibetanos.

La ausencia de datos suficientemente contrastados, unida a la alarmante desinformación que prolifera por internet y entre los propios comerciantes de cuencos, hace que realidad y ficción se entremezclen en un enigma sobre el cual se ha especulado y se sigue especulando muchísimo.

Se dice, por ejemplo, que eran usados habitualmente por los monjes en sus prácticas de meditación, aunque también es cierto que, durante su difusión a través de la Ruta de la Seda, pudieron ser utilizados como utensilios domésticos por personas que desconocían el auténtico propósito para el que fueron concebidos originalmente.

Lama

En realidad, resulta inverosímil concebir que un instrumento hecho a mano siguiendo un proceso tan elaborado, con la facultad de producir una gama tan amplia de armónicos y con una sonoridad tan expansiva capaz de perdurar por largo tiempo… tuviera una finalidad única y exclusivamente doméstica como recipiente de comida. Por el contrario, una explicación más plausible conllevaría reconocerles un uso ritual como recipientes para ofrendas a sus diferentes divinidades, algo común tanto en el Budismo Lamaísta como en la religión chamánica tibetana de la tradición Bön.

Difusión en Occidente

Jhebara Das

Los cuencos cantores de metal comenzarían a ser conocidos en Occidente a raíz de la invasión china del Tíbet en 1951 y la consecuente diáspora de tibetanos hacia tierras nepalíes e indias.

Dichos refugiados se verían forzados a ganarse la vida mendigando y vendiendo sus escasas pertenencias, lo cual podría explicar la aparición de diversos objetos religiosos utilizados por los lamas tibetanos, incluyendo probablemente los cuencos, en los mercados dichas zonas.

El movimiento contracultural hippie de los 60 propiciaría la llegada de muchos occidentales a la India y Nepal, los cuales tendrían así la posibilidad de descubrir estos instrumentos y llevarlos a países como Holanda, Alemania y los Estados Unidos.

Elección del cuenco

A la hora de elegir un cuenco «tibetano», hay que tener en cuenta que los más aptos para una aplicación terapéutica son, indudablemente, aquéllos que están labrados a mano, ya que éstos poseen una energía especial de la que carecen los torneados en serie. Dicha energía es única, dado que no existen dos cuencos tibetanos artesanales que sean iguales: cada uno presenta su propia y exclusiva combinación de factores tales como el peso, el diámetro, el grosor, la composición y proporción de metales, la altura o la forma de sus bordes. Dichas variables, por supuesto, determinarán el propio sonido del cuenco, así como también, no menos importante, su cualidad vibratoria, haciendo de cada uno de ellos un tesoro excepcional. Y es que, a pesar de sus asimetrías, muescas, imperfecciones y abolladuras, el alma del cuenco está en su sonido. Ahí es donde radica la grandeza y belleza de los cuencos cantores del Himalaya.

Beneficios de los cuencos del Himalaya

Los cuencos de metal del Himalaya son semillas sagradas del Dharma, capaces de armonizarnos con su sonido y vibración tanto en un plano físico como emocional, mental y energético.

Entre sus múltiples beneficios destacamos los siguientes: inducen a estados de actividad cerebral tipo alfa y theta (presentes en estados de relajación y meditación), ayudan a la dispersión de bloqueos energéticos, la limpieza de núcleos densos en el aura, la liberación de tensiones musculares y a cultivar la quietud.

Además, ayudan a reforzar el sistema inmunológico, equilibrar ambos hemisferios cerebrales, estimular la creatividad y propiciar estados expandidos de conciencia, entre otros efectos constatables empíricamente. 

En estos tiempos de estrés, dispersión y ritmo acelerado, el mágico sonido de estos instrumentos nos invita a pararnos y a mirar en nuestro interior, calmando nuestra mente y ayudándonos a tomar más conciencia del momento presente y a conectar con nuestro Ser sagrado. Como resultado, es posible experimentar una profunda sensación de paz y alegría.

Y ahí está, precisamente, el gran valor terapéutico de los cuencos del Himalaya. Su sonido es, realmente, un bálsamo para el espíritu.  

Concierto de cuencos del Himalaya y gong nepalí en el centro Chakrasamvara de Sevilla
Cuencos del Himalaya Sonidos de Aquario
Jhebara Das mostrando una de las técnicas del cuenco tibetano

Tipos principales de cuencos

Ultabati

Los cuencos ultabati suelen ser bastante grandes y voluminosos, con forma de caldero. Es posible que su origen se encuentre en las regiones más orientales de Nepal.

La superficie de sus paredes externas suele presentar dos acabados distintos: uno liso al tacto y de color bronce natural para la franja cóncava superior, la cual se extiende hasta unos 3 o 4 cm por debajo del borde; y otro para el resto del cuenco, profusamente moteado o bien ennegrecido, en donde sí que se aprecian, normalmente, las marcas de martillo. Una única línea grabada en la pared externa se encarga, generalmente, de establecer la división entre ambas áreas.

Los cuencos ultabati se caracterizan por su deslumbrante belleza, así como también por la vibrante y expansiva energía de su sonido. Al igual que los jambati, son capaces de producir tonos increíblemente graves y profundos, de esos que se prolongan en el tiempo; sin embargo, y a diferencia de aquéllos, estos suelen presentar una forma más abierta y achatada, con paredes además más finas, lo cual permite una resonancia tímbrica aún más grave, tanto al batirlo con una baqueta forrada con piel como al percutirlo con una maza, pudiendo llegar a sentirse físicamente incluso a una considerable distancia del cuenco. Dicha cualidad hace que resulten de especial utilidad en trabajos de enraizamiento y conexión con la tierra.

Pertenecientes a la antigua escuela de fundición bengalí, los cuencos jambati se encuentran entre los más grandes y pesados de toda la familia de cuencos cantores. Son también conocidos como cuencos de la Tara Blanca.

Se caracterizan por sus altas y elegantemente curvadas paredes, una pequeña base plana y unos labios más o menos gruesos, en ocasiones, plegados hacia el interior.

Los elementos decorativos suelen ser mínimos, reducidos normalmente a algunas franjas grabadas por debajo del borde externo del cuenco a modo de collar, o bien varios círculos concéntricos expandiéndose desde el mismo centro de su base en el interior.

Jambati

Jambati

Originarios de la región más oriental del Tíbet, los cuencos jambati son capaces de producir tonos extraordinariamente graves y expansivos, de gran duración en el tiempo. Su nota fundamental suele oscilar entre la segunda y la cuarta octava, tanto si se percute con una maza acolchada como si se bate con una baqueta forrada con piel. Su sonido, por supuesto, es maravillosamente rico en armónicos. Muchos de estos cuencos, especialmente los más grandes y de sonido grave, pueden llegar a generar además con su potente vibración hermosos patrones cimáticos e incluso espectaculares fuentes cuando son batidos con algo de agua en su interior.

Thadobati

Originarios de Bután, los cuencos thadobati se encuentran entre los ejemplares más antiguos de toda la familia de cuencos cantores. Algunos de ellos datan del siglo XV y otros pueden llegar a ser incluso más antiguos.

Se caracterizan por su peculiar forma de casco, con unas paredes más rectas y elevadas, y una base tan considerablemente ancha que su diámetro, en ocasiones, se aproxima incluso al del propio borde del cuenco.

El labio suele ser liso en los más pequeños y medianos, y raras veces excede el grosor de la pared del cuenco.

En ocasiones presentan hileras de tajos por debajo del borde externo del cuenco, dispuestos en secuencias irregulares, y que pueden cumplir un propósito ritual o incluso sonoro, ya que es posible alterar y reajustar el tono de un cuenco mediante la extracción de metal. En otros casos podemos encontrar círculos concéntricos en la base que representan la expansión infinita de la vibración del cuenco hacia el Universo, o incluso filas de símbolos solares (círculos con un punto en su interior).

El símbolo solar es bastante antiguo y sagrado, ya que estaba considerado, en el contexto del Budismo Tibetano, como una representación del Vacío, la Fuente indivisible de la que todos formamos parte. De este modo, el punto no sería sino la contracción del círculo, mientras que el círculo representaría un punto en expansión. Aquellos cuencos en donde estos símbolos solares aparecen dispuestos formando un triángulo invertido se denominan Yoni, en referencia al principio femenino así representado en las tradiciones tántricas practicadas en los Himalayas.

Thado tajos

El sonido de los cuencos thadobati puede llegar a abarcar cuatro octavas, pese a que algunas notas sean más inusuales que otras. Cuanto más finas sean sus paredes, más grave será su sonido. También conocidos como cuencos de la Tara Verde, estas herramientas de sanación operan especialmente en el plano físico, aunque estén igualmente valoradas en prácticas de meditación. De hecho, otro de los nombres que reciben es el de cuencos Buda, en referencia a la muestra más antigua de arte budista de la que se tiene constancia, un bajorrelieve de la región Ghandara tallado en piedra entre los siglos II y III d.C. y conocido como «La ofrenda de los cuatro cuencos«. En él se muestra al Buda Gautama sosteniendo uno de estos cuencos en su mano izquierda mientras otorga bendiciones, al mismo tiempo, con su mano derecha.

Ofrenda de los Cuencos

Su nombre hace referencia al estado de Manipur en el nordeste de la India, de donde probablemente sean originarios.

Los cuencos manipuri son los de menor altura de toda la familia de cuencos cantores. Con su peculiar forma de plato, se caracterizan por sus bajas paredes y la amplia apertura del borde, en contraste con su pequeña base redondeada.

El diámetro de la mayor parte de estos cuencos ronda aproximadamente los 15 centímetros o menos, y su sonido es capaz de alcanzar octavas más altas.

El labio puede ser sencillo o adornado con símbolos, especialmente en los cuencos más gruesos. 

Manipuri

Manipuri

Conocidos también como «cuencos del corazón», algunos parecen haber sido hechos a partir de una aleación de bronce más ligera, brillante y dorada que la de los restantes tipos de cuenco. Suelen percutirse, excepcionalmente, en la cara interna del borde.

Ciertos manipuri antiguos presentan una amplia ornamentación, tanto en el interior como en el exterior, consistente en franjas de cuentas de rosario (mala), motivos solares y líneas grabadas justo por debajo del borde. La mayor parte muestran además círculos concéntricos expandiéndose desde el mismo centro de la base interior del cuenco, aunque a menudo estén borrosos y apenas sean visibles debido al deterioro.

Cuenco Tibetano Manipuri Estelar

Merecen una atención especial los denominados manipuri «estelares», los cuales se caracterizan por lucir, además, una estrella de cinco puntas en el mismo centro de la base interna del cuenco.

Toda esta misteriosa simbología astrológica confiere un valor esotérico, chamánico e incluso místico a su rutilante sonido, aportando a estos cuencos un valor añadido. 

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