LA ASCENSIÓN, ES EL DESCENSO DE NUESTRO «YO SOY» AL CUERPO FÍSICO.

La mayoría de las personas que están familiarizadas con este concepto de ascensión son las que llevan un tiempo en el camino hacia el despertar de su consciencia. Un camino de entrega a la luz interna, un proceso único e individual de reconocimiento del propio Ser. Toda ascensión implica un descenso del espíritu a la materia, una bajada del Yo Soy a la carne humana en su afán de anclarse y experimentarse en la madre tierra, es decir, la tierra que es nuestro propio cuerpo físico. La luz en este encuentro con la oscuridad de la mater-materia, duele, y se hace onírico para que la misma carne pueda despertar al recuerdo de su luz. Sólo en esta alquimia podemos experimentar la renombrada ascensión.

La nueva túnica arcoiris está esperando a que la tejamos y no hay hilo  de luz si no lo pedimos conscientemente. Así es la forma en que Dios nos ama, dándonos la libertad de elegir. Esta elección que se reduce a «¿aceptas o no aceptas?», es lo único que por nuestra parte podemos hacer, si es que en realidad hay algo que hacer. En esta era de acuario, primero y sobre todo, hemos venido a SER. De ahí que por más que meditemos y preguntemos desde el sincero corazón, todas las respuestas nos lleven a Roma, al sonido silencioso del YO SOY en la inconfundible calma de nuestros sentidos externos. Y sólo en esa calma, es donde el hacer, puede convertirse en una acción correcta e inspirada. Nada ni nadie podrá salvarnos más que nuestra acción desde el Ser en la justa medida de las cosas.

El despertar a la propia luz divina, no es para todos, es para los que lo eligen desde algún plano de su ser. (Quizás sea para todos pero no ocurre de la misma forma, pues cada uno tiene su propio nivel evolutivo). Y no puede ser impuesto a nadie desde fuera, sería una falta de respeto y consideración por el prójimo. El despertar ocurre sólo desde el interior del ser humano y tanto avanza cuanto más pregunte y se pregunte, según tanto pida y se permita recibir. A veces la luz llega de improviso, y nos señala dónde hay dolor, ira, soledad, falta de amor. Y por eso le tenemos miedo a la luz, más que al dolor mismo, más que a nuestro propio sentimiento de abandono.

Tenemos miedo a la luz porque no la conocemos, pero cuanto más la reconocemos, más la amamos y nos amamos. Cuanto más permitamos al espíritu morar en nuestro templo humano y le demos tiempo para acomodarse en paz, antes traspasaremos la ilusión de la dualidad. El espíritu viene a liberarnos de la misma,  para hacerse una con la carne. Sí, he tenido sueños, he visto el final de la obra…. Y todo era UNO en nosotros. Y se sentía tan natural como si siempre hubiera estado en nosotros dicha unicidad.

No hay nada que temer en la confianza de esta rendición y entrega a la propia luz divina que nos está proponiendo este tiempo de cuarentena en el planeta Tierra. La ascensión hacia una mayor luz, peldaño a peldaño, nos propone aceptar nuestra propia maestría hasta que la asumamos con honor. Mientras los efluvios  solares sigan esparciendo el polvo de oro blanco, mantengamos el equilibrio cielo-tierra, ese es el enfoque principal, ayudando a nuestro espíritu hacerse Presencia física para lo cual debemos hacer espacio  en el hogar. El desapego es hacia todo aquello que nos impida ser y brillar con luz propia.

Permitamos que el espíritu de la nueva tierra nos guíe y se encarne en nuestros próximos hábitos, la nueva túnica para cada uno se está creando, re-creando la divinidad que somos. Somos divinamente humanos, somos dioses por naturaleza. Confiemos en nuestro plan divino, como niños legítimos de la Luz.

 

YO SOY DIVINIDAD
 
YO SOY DIVINIDAD
ENCARNADA EN LA TIERRA.
LUZ DE AMOR, AMOR DE LUZ,
LUZ QUE ILUMINA Y MORA
EN SU PROPIA ESTRELLA.
 
YO SOY DIVINIDAD.
Y ASUMO MI AUTOMAESTRÍA,
LA MAESTRÍA DEL SER.
ALGUNOS LO LLAMARON
DIOS, OTROS TAO.
 
MAS SOLO SE QUE SOY
NI SE QUÉ, NI POR QUÉ,
PORQUE NO HAY NOMBRE
PARA LO INNOMBRABLE.
YO SOY LO QUE SOY,
Y ESO ME BASTA
PARA SEGUIR HOLLANDO
EL SENDERO...

En amor, bendiciones para todos, -inspirado por Lao Tsé.-

Sara Moguer -Thaybhari-

foto fuente:pixabay

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