Frecuencias Solfeggio y el Nombre Original del Maestro Jesús (por Jhebara Das)

Jonathan Goldman está considerado, y con razón, como uno de los grandes pioneros y fundadores de la moderna sanación por medio del sonido, con una trayectoria en este campo de más de treinta años. Doctorado en la Universidad de Lesley, Goldman es asimismo el fundador y director de la Sound Healers Association, dedicada a la divulgación del sonido y la sanación, habiendo trabajado con autoridades en dicha materia provenientes tanto del mundo de la ciencia como de la espiritualidad. Dicho afán por reconciliar ambas vertientes, la mística y la científica, constituye, de hecho, uno de sus logros más importantes dentro de esta área.

Maestro de maestros internacionalmente reconocido, y miembro conferenciante de la Sociedad Internacional de Medicina Musical, este gran chamán del sonido recibió la autorización para enseñar canto armónico tibetano de parte del mismísmo Rinchen Chugyal, Maestro Cantor del monasterio Drepung Loseling del Dalai Lama, uno de los templos de budismo tibetano más grandes del mundo. Como puede apreciarse, haría falta un espacio mucho mayor del que nos permite la concreción en una entrada tan específica como ésta para hacerle realmente justicia tanto a él como a su inspirador legado.

Jonathan Goldman

Además de ser el autor de varios libros de referencia sobre sonoterapia y armónicos, Jonathan Goldman cuenta con un catálogo de más de treinta grabaciones, en su mayoría imprescindibles, dentro del género de la música sanadora y espiritual, constituyendo este corpus sonoro una de las herramientas más poderosas para la transformación y la expansión de la conciencia que haya podido experimentar hasta el momento. Por este motivo, es mi deseo honrar su invaluable contribución a la sanación del planeta mediante el sonido con un espacio regular en donde tendrán cabida tanto sus principales obras bibliográficas como sus alquímicas grabaciones. 

Grabaciones como por ejemplo la que ahora nos ocupa, Holy Harmony, una hipnótica invocación al Hijo de Dios (YHSVH) de 72 minutos de duración en donde la voz y los diapasones, que emiten una serie de frecuencias referidas por el propio Jonathan Goldman como «Códigos de Sanación», dialogan en un poderoso mantra que nos (re)conecta con nuestro Yo sagrado. En el extenso libreto que trae el CD el propio Goldman nos explica cómo fue espiritualmente «guiado», en la víspera de Navidad del año 2001, para grabar esta obra, concebida como un canal de fe, sanación y amor universal.

Set de diapasones Solfeggio utilizados en la grabación de «Holy Harmony»

La génesis de esta obra, no obstante, se remonta dos años atrás, cuando Goldman descubrió un libro titulado Healing Codes for the Biological Apocalypse, el cual venía firmado por los doctores Joseph Puleo y el muy controvertido Leonard Horowitz, y en donde se revelaban unos códigos bíblicos expresados mediante frecuencias electromagnéticas de sonidos. Dichas frecuencias, supuestamente, estaban relacionadas con una antigua escala musical divina utilizada en la creación y en manifestaciones milagrosas tales como la sanación. Según narra el Doctor Puleo, esas frecuencias divinas reveladas, conocidas también como Solfeggio (traducción al italiano del término «solfeo»), tuvieron un importante papel en la consumación de profecías y revelaciones bíblicas.

Después de leer este libro, Jonathan Goldman recibiría una guía espiritual que lo llevaría a la creación de un set de seis diapasones afinados a estas proféticas frecuencias que conforman los denominados «Códigos de Sanación» a los que se ha hecho referencia anteriormente. Dichas frecuencias estarían asociadas a las seis notas ascendentes establecidas por el monje benedictino y teórico musical Guido de Arezzo en el siglo XI a partir del primer verso del Himno a San Juan Bautista, escrito en latín por Pablo el Diácono en el siglo VIII: #UT, #RE, #MI, #FA, #SOL y #LA (la nota #SI, bautizada a partir de las iniciales de Sanctes Iohannes, no sería «descubierta» y añadida para completar la escala hasta finales del siglo XVI gracias a Anselmo de Flandes, mientras que, ya en el siglo XVII, #UT cambiaría a la más eufónica #DO a sugerencia del musicólogo italiano Giovanni Battista Doni):

Nota Texto original en latínTraducción
UtDo
Re 
Mi
Fa
Sol
La
Si
Ut queant laxīs
Resonāre fībrīs
ra gestõrum
Famulī tuõrum,
Solve pollūti
Labiī reātum,
Sancte Iõannēs.
Para que puedan
cantar a pleno pulmón
tus milagrosas hazañas
estos siervos tuyos,    
absuelve del impuro
labio la culpa,
San Juan.
Himno a San Juan Bautista

Estas frecuencias, supuestamente, habrían sido utilizadas en un principio por la iglesia, con un propósito espiritual, en los antiguos cantos gregorianos, permitiendo así sanaciones realmente milagrosas entre monjes y feligreses. Desgraciadamente, con la implantación de otros sistemas de afinación diferentes durante el transcurso de la historia, las frecuencias Solfeggio acabarían perdiéndose, y con ellas todos estos cantos. Según el profesor Emérito Willi Apel, se sabe de la existencia de unos 152 cantos originales basados en esta antigua escala de seis notas y que están «aparentemente» desaparecidos, mientras que los que se utilizan hoy día, según sus palabras, son completamente incorrectos al «minar el espíritu de la fe católica». ¿Qué finalidad específica tendrían, entonces, estas misteriosas frecuencias de sanación, las cuales dan un 3, 6 o 9 al ser sumadas y reducidas a una única cifra?:

1. UT396 Hz – frecuencia para liberarnos del miedo y la culpa.  (3+9+6=18; 1+8=9)

2. RE 417 Hz – frecuencia para deshacer situaciones y facilitar los cambios. (4+1+7=12; 1+2=3)

3. MI 528 Hz – frecuencia para la transformación, los milagros (ra gestõrum) y la reparación del ADN. (5+2+8=15; 1+5=6)

4. FA 639 Hz – frecuencia para potenciar la comunicación, las relaciones interpersonales, el entendimiento y la tolerancia.  (6+3+9=18; 1+8=9)

5. SOL 741 Hz – frecuencia que nos ayuda a solucionar problemas, desarrollar la intuición y facilitar la expresión personal. (7+4+1=12; 1+2=3)

6. LA 852 Hz – frecuencia de Amor Puro Incondicional que nos ayuda a retornar al Orden Espiritual. (8+5+2=15; 1+5=6)

Asimismo, resulta interesante observar que la distancia en hercios entre una frecuencia y otra es de 111 (1+1+1=3). Las dos únicas excepciones se dan entre UT y RE (21 hercios / 2+1=3) y entre FA y SOL (102 hercios / 1+0+2=3)

Después de utilizar estas seis frecuencias en su anterior trabajo, el igualmente excepcional The Lost Chord, Goldman descubriría que la secuencia completa de frecuencias no era de seis, sino de nueve, y que, por tanto, faltaban por establecer todavía tres de ellas. El propio Horowitz le confirmaría, en el verano del año 2001, que, ciertamente, la escala estaría constituida por nueve frecuencias, las cuales conformarían lo que él mismo acabó denominando «el círculo perfecto de sonido de Dios», instándole al músico a «descifrar» las tres frecuencias perdidas: 174 Hz, 285 Hz y 963 Hz, las cuales no había tenido la oportunidad de escuchar hasta el momento. Por ese motivo, Jonathan Goldman encargó la creación del set completo de las nueve frecuencias Solfeggio. La combinación de todas estas nueve frecuencias sagradas* constituiría la base sonora para la grabación de Holy Harmony.

7. SI 963 Hz – frecuencia para la espiritualización de la materia. Nos conecta con las energías del mundo espiritual y nos permite experimentar el estado de Unidad. (9+6+3=18; 8+1=9)

En una octava inferior:

8. 174 Hz – frecuencia para la materialización del espíritu. Nos ayuda a reducir el dolor físico y energético y nos proporciona seguridad y amor. (1+7+4=12; 1+2=3)

9. 285 Hz – frecuencia para enraizar la energía espiritual. Influye en nuestro campo energético y ayuda a rejuvenecer y energizar nuestro cuerpo. (2+8+5=15; 1+5=6)

Las 9 frecuencias Solfeggio

En lo que atañe al canto utilizado, compuesto por los sonidos «Yod-Hey-Shin-Vav-Hey«, le sería revelado a Goldman en un sueño como una oración con el poder de invocar la energía divina y el amor, dispersando así la oscuridad. Estos sonidos, por supuesto, hacen referencia a un conjunto de letras específicas del alfabeto hebreo que conforman el nombre sagrado del Hijo de Dios (YHSVH) en la tradición judía, y el cual puede utilizarse, según sus palabras, para la protección, purificación y manifestación de su luz divina. Más tarde, encontraría dicho canto en el libro Words of Power de Brian Crowley.

El alfabeto hebreo o alefato es un sistema de escritura donde sólo existen símbolos para fonemas consonánticos (también conocido como abyad). Por tanto, al carecer de caracteres vocálicos escritos, no resulta fácil dilucidar cuál podría haber sido la pronunciación exacta de muchas palabras, entre ellas, por supuesto, algunos nombres, siendo aún a día de hoy objeto de estudio y debate por parte de eruditos. Las letras hebreas YHSVH (Yod-Hey-Shin-Vav (Waw)-Hey, יִהשׁוֹה), por ejemplo, conforman el nombre «Yehoshúa» o, en su forma abreviada, «Yeshúa«, por el que, según varios estudiosos y exégetas, era conocido Jesús de Nazaret, y cuyo significado deriva del verbo «salvar». El nombre «Jesús», de hecho, proviene del griego «Iesous» (Ἰησοῦς), que no es sino una transliteración del nombre original hebreo.

Pentagrámaton

Esta palabra de cinco letras o pentagrámaton es una derivación, por supuesto, del tetragrámaton YHVH utilizado para designar al Dios de las religiones judeocristianas (Yahveh) añadiendo la letra hebrea shin (שׁ), cuyo significado cabalístico está asociado a la «llama eterna», la energía espiritual encarnada y el tránsito de la existencia terrenal a la celestial: Cuando se coloca la letra adicional shin en posición central entre las cuatro letras que constituyen el Tetragrámaton, el Sagrado Nombre de Dios, se forma entonces un nuevo nombre. Esta alteración del nombre que se produce al añadir una única letra representa el método que debía utilizarse para la transformación personal de humano a super-humano, de terrenal a celestial, de corporal a espiritual, a través de la «crucifixión» en la «cruz del espacio y del tiempo». (Jonathan Goldman)

Desgraciadamente, la ausencia de caracteres vocálicos en el alefato hebreo hace que sea del todo imposible saber cómo se pronunciaba exactamente el pentagrámaton en la antigüedad, de ahí que la única opción posible a día de hoy sea la recitación de cada una de las cinco letras hebreas que conforman el nombre: Yod-Hey-Shin-Vav-Hey. Según el Nuevo Testamento, la vibración que emitía el nombre original de Cristo (a diferencia de la que, supuestamente, posee la forma transliterada «Jesús») era tan poderosa que bastaba para expulsar a los demonios y obrar todo tipo de milagros.

Y es que, según afirma el Doctor James Joachim Hurtak, el hebreo, conjuntamente con el sánscrito, el chino, el tibetano y el egipcio, forma parte de un selecto grupo de lenguas sagradas de inspiración divina, de ahí que sea frecuente su uso en mantras y cánticos de carácter espiritual y alquímico. El propio Goldman tuvo ocasión de experimentar, en varios talleres impartidos por él, los efectos sanadores del canto YHSVH y sus frecuencias divinas, las cuales ayudan a limpiar, equilibrar y purificar energías, además de activar, específicamente, el centro energético asociado a la glándula timo (cuarto chakra), y anclar la energía crística en el cuerpo. Dicha energía, según Goldman, posee la facultad de (re)calibrar vibracionalmente nuestra estructura celular y ADN.  

Supuestamente, los propios esenios de Israel, miembros de una secta judía ascética que floreció en el siglo II antes de Cristo, ya utilizaban un cántico similar como parte de una ceremonia de invocación al advenimiento del Mesías, posteriormente llamado Jesús. Algunas personas piensan que es incluso posible obtener protección, consuelo, crecimiento espiritual, e incluso sintonizar con la energía crística simplemente mediante la contemplación de las letras hebreas que constituyen el nombre sagrado YHSVH.

Yod-Hey-Shin-Vav-Hey

Así pues, explica Goldman, tanto las frecuencias de los «Códigos de Sanación» revelados por los Doctores Puleo y Horowitz, como el cántico sagrado del antiguo nombre de Cristo, persiguen un mismo fin: purificar y elevar espiritualmente al hombre hacia Dios. El propio Dr. Horowitz ha señalado en algunas publicaciones como Healing Celebrations: Miraculous Recoveries Through Ancient Scripture, Natural Medicine and Modern Science hasta qué punto estas sagradas revelaciones pueden llevar a una profunda transformación, tanto personal como profesional, que nos permitan reconsiderar y apreciar el sentido espiritual de la vida.

Ni que decir tiene, no es necesario compartir un interés por los aspectos más «esotéricos» del sonido para apreciar los beneficios de Holy Harmony, ya que este mantra constituye una potente y efectiva herramienta tanto si se utiliza para la sanación, el desarrollo de la conciencia y el crecimiento espiritual como si se emplea para, directamente, alcanzar un estado de profunda relajación y bienestar. Para potenciar sus efectos sanadores, eso sí, y como sugiere el propio Goldman, resulta del todo recomendable no limitarse a escuchar la invocación, sino unirse a ella en una reverencial letanía que nos abrirá las puertas a nuestro Ser sagrado, sean cuales sean nuestras convicciones religiosas. Y ahí radica, precisamente, su inigualable valor alquímico.

Podéis escuchar la obra clicando aquí.

*Goldman continuaría explorando las distintas posibilidades de combinación y permutación de las distintas frecuencias Solfeggio en otras dos composiciones indispensables, Waves of Light y Supreme Solfeggio.

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